
En un estado normal de cosas, pensamos que nadie sufre por nuestra felicidad y que nuestro sufrimiento no es la felicidad de nadie. En un estado normal de cosas el comportamiento de los elementos se traviste de armonía para tapar el caos en que se sumen los cuerpos que se atraen y se rechazan y las ánimas que van y vienen respondiendo a los llamados de los impulsos más básicos. Un día el mono se vió la consciencia en el espejo y se ruborizó por tanta desnudez en su cabeza, así que la vistió de muy buenos motivos y la sacó a pasear por todos los espacios de su vida. Así nació lo normal, que sublimiza todo, le da un orden a las cosas y acuna nuestros miedos. Pero el mono no deja de ser mono, y debajo late con fuerza toda la pasión de lo que se quiere perpetuar, de lo que desea, lo que impulsa unos brazos a arrancar las ropas de los cuerpos y fundir la piel con los labios.
Bebe,Como los olivos
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