
Necesito que me inspiren, así que voy a dejar este sombrero boca abajo para quien amablemente me quiera dejar un par de palabras que inciten a la mente más dormida, una mirada que me haga caer en la cuenta que no es ojo el ojo porque lo veo sino ojo porque me ve. Admito también el roce de unos senos, el tobogán de unas caderas o una sonrisa que me invite a su cama. Le corresponderé con gentil erección. Qué más se puede pedir a lo trivial que puedo ser.....
y puestos a pedir dando me ofrezco para tapar mis soledades con las ajenas, callar con mi voz lo que buscan tus oídos y escribirte frases sin ton ni son que te hacen reír cuando tengo uno de esos días en que ni yo mismo me entiendo lo que digo...
PD: Ojo con lo del ojo que son los ojos de Machado.
A este post tan deprimente lo salvan dos cosas:
1.- Escher con sus manos, que cuando me escribo me describo y no se donde empiezo y donde termino...y mira que bien rimo
2.- Luz de Luna de Swingle Singers. Ojalá Beethoven cuando tenía días tontos alguien le hubieran cantado esto al oído....o quizás si
tin, tin tirín, tiririririrririiiiiiiiiiiii (que bonito canto al sordo)
1 comentario:
Mis deseos de dias plácidos... pero me recordaste a mi amigo Porfirio Barba Jacob con su
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA que dice así:
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar...
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el bien y el mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir! -
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
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